Me encanta esta ilustración de Don Moyer. Refleja perfectamente el mundo en que vivimos…


Tener opciones es bueno. Demasiadas opciones, no tanto.

A mediados del siglo pasado, Herbert Simon, Premio Turing en 1975 y Premio Nobel de Economía en 1978, propuso una teoría para entender cómo se toman las decisiones. Según Simon, hay dos tipos de perfiles: los maximizadores (maximizers) y los satisfechos (satisficers). Los maximizadores buscan la mejor de las opciones de entre todas las posibles. Incluso aunque hayan localizado el producto que tiene las características que buscan, no toman una decisión definitiva hasta que no examinan todas las opciones disponibles. Los satisfechos, en cambio, cuando encuentran una opción que es suficientemente buena, toman la decisión y dejan de buscar.

La mejor forma para saber si eres un maximizador o un satisfecho es encender la televisión y hacer zapping. Si pasas por absolutamente todos los canales para ver cuál es el mejor y tomar tu decisión, eres un maximizador. Si te paras en la primera cadena que retransmite algo que cumple con tus requisitos mínimos, eres un satisfecho.

Esta diferencia entre ambos tipos de perfiles se refleja en todos los apartados de la vida: ante la búsqueda de un empleo, los satisfechos tienden a buscar un trabajo que pague las facturas, mientras que los maximizadores buscan el trabajo ideal. Ante la búsqueda de pareja, los satisfechos buscan una persona que cumpla un mínimo de requisitos, mientras que los maximizadores buscan a la media naranja perfecta. En el contexto de la búsqueda de información, los satisfechos se limitan a buscar un dato o información que satisfaga sus necesidades, mientras que los maximizadores buscan el “informe ideal” que recoja todo lo que están buscando.

En un mundo de abundancia como el que nos está tocando vivir (tanto a nivel de contenidos como de productos y servicios), el proceso de toma de decisiones se ha complicado mucho. En los casos en los que la oferta es casi infinita o en que las alternativas son presentadas de una en una, optimizar la decisión es una batalla perdida. Este mundo de abundancia no es sencillo para quienes son maximizadores, porque el cerebro humano tiene limitaciones.

Estudios recientes concluyen que los satisfechos tienden a ser más felices que los maximizadores. Los maximizadores invierten más tiempo y energía a la hora de tomar decisiones, lo cual les provoca grandes dosis de tensión. Es sabido que, a veces, “lo mejor es enemigo de lo bueno”.